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2016_04_28_not_konpalabra_coma

Si nos aventuráramos en medio de una isla desconocida, sin ciertos saberes necesarios para la supervivencia, es probable que la cosa no acabara bien: vacilaríamos, no sabríamos qué hacer, quizá aguardaríamos en un rincón, ocultos del peligro latente, una ayuda inesperada. Mas si supiéramos cómo actuar, nuestras expectativas aumentarían considerablemente, pues uno intentaría arreglárselas por sí mismo. Y de eso se trata cualquier aventura: saber qué hacer para salvar obstáculos. De modo, pues, que el éxito depende de hacernos con los conocimientos básicos e indispensables. Y la escritura no es distinta de otras empresas riesgosas y excitantes. También aquí debes tener pautas esenciales para salir airoso. De suerte que escribir claramente es otro desafío que puede afrontarse, sin tantas dudas, haciéndose uno con los saberes necesarios.

Dónde poner una coma, o dónde no hacerlo, no debería ser un rompecabezas, ni mucho menos motivo de quejas y lamentos; se requiere saber cosas elementales para hacerlo con más seguridad. A continuación, analicemos tres normas de la coma, las más necesarias, para despejar dudas al respecto:

El primero de ellos, es el uso básico de la coma: la empleamos para separar elementos de una misma serie, sean palabras o sean frases.

Ejemplos:

  • Bella, joven, inteligente y simpática.
  • Tú lo sabes, él lo sabe, todos lo saben.

Otro uso básico de la coma, aunque más complejo que el anterior, es el inciso. Separamos entre comas un comentario, o una explicación.

Ejemplos:

  • Ella, creo yo, es la más engreída de la clase.
  • García Márquez, escritor colombiano, es el autor de Cien años de Soledad.
  • Carlos, que estaba enfermo, no pudo asistir a la conferencia.

Por último, la coma también sirve para separar vocativos (referencia a otro sujeto) en los enunciados, pues de no hacerlo, el sentido de lo que intentamos expresar varía.

Ejemplos:

  • Karen camina rápido.
  • Karen, camina rápido.

Así, pues, la coma acaba por determinar el sentido de la expresión. El primer enunciado refiere cómo camina Karen, mientras que en el segundo, se le pide a Karen que camine rápido.

Otro aspecto que se debe tener en cuenta es que la coma separa vocativos en cualquier orden: al principio, en medio, o al final de la oración.

Ejemplos:

  • Sergio, dime dónde están los zapatos.
  • Dime, Sergio, dónde están los zapatos.
  • Dime dónde están los zapatos, Sergio.

Antes de cerrar esta breve explicación, vale la pena recordar que las comas no sólo sirven para organizar nuestro discurso y separar elementos entre sí. Además, en ciertas ocasiones, son tan importantes que acaban por definir el sentido del enunciado. Veamos un ejemplo mundialmente famoso sugerido por Julio Cortázar:

"Si el hombre supiera realmente el valor que tiene la mujer andaría en cuatro patas en su búsqueda".

Poner una coma en el lugar justo, hace que el enunciado diga una cosa u otra:

  • "Si el hombre supiera realmente el valor que tiene, la mujer andaría en cuatro patas en su búsqueda".
  • "Si el hombre supiera realmente el valor que tiene la mujer, andaría en cuatro patas en su búsqueda".

Así las cosas, basta una coma para dirimir el conflicto de los sexos. Tan fácil y sencillo, como complejo y fascinante.

Como hemos podido apreciar, los usos más básicos de la coman no deben ser dolores de cabeza, ni materia disponible únicamente para taumaturgos del lenguaje; no se trata de conocimientos cabalísticos, ni de teorías complejas, tan sólo es menester de práctica continua. Lo paradójico de los monstruos es que, en cuanto sabemos algo de ellos, ya no resultan tan monstruosos; de hecho, pueden llegar, incluso, a parecernos simpáticos.

Acabemos ya con esos vicios de omitir comas porque "no sé dónde ubicar esos símbolos paganos" o de abusar de su uso, porque "ponerlas en cualquier parte da la sensación de que algo sé sobre eso"; basta de improvisar, que saber esto no es cosa de otro mundo. Todo se reduce a observar, analizar y poner en práctica. ¡Ya está!

Referencias

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Lorens Camp, M. J. (1995) Gramática española. Madrid: M.E. Editores.
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Vivaldi, G. M. (2003) "La puntuación: las reglas y el temperamento" en Curso de redacción. Teoría y práctica de la composición y el estilo. Madrid: Paraninfo. Pp. 18-31.

Publicado por Diego Higuera El día 04/20/2016 Enlace permanente Comentarios (0)

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