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2016_05_01_not_konpalabra_aventura

Escribir claramente no debe convertirse en un tormento. A diferencia de lo que muchos piensan, la escritura fluye, diáfana, como cualquier modo de expresión, siempre y cuando sepas lo necesario. Y esto último no necesariamente tiene que ver con lo que saben lingüistas y gramáticos, expertos en el lenguaje, cuyos conocimientos llegan a profundizar tanto en las normas y leyes del idioma, que se sorprende uno de poder comunicarse de vez en cuando con alguien, ignorando todos estos valiosos saberes. Habría que decirles a estos recalcitrantes seres de toga y birrete que saber relacionarse con los demás no requiere tantos anatemas de su parte, porque sus pupilos desconocen menudencias al respecto, antes bien, como lo señaló Chomsky en su momento, todos tenemos una competencia lingüística, que nos permite expresar ideas y sentimientos más o menos claros.

En ese sentido, los expertos no deberían intimidar tanto a los novicios que se aventuran en el hermoso arte de la escritura. Por el contrario, resulta casi un deber para ellos apoyarlos en su empresa, alentarlos a seguir sin importar los muchos traspiés que puedan sufrir. Probarles que la escritura no es diferente de cualquier otra hazaña que uno se proponga; habrá inconvenientes, eso es obvio, qué situación no los tiene, pero no por eso deben abdicar como si estuvieran negados para esto. Saber escribir no es conocerse al dedillo una gramática, o unas normas ortográficas, ni mucho menos un manual de estilo, aunque si se sabe algo de esto, la cosa se hace más sencilla; no, escribir implica organización, claridad y sobre todo intenciones de comunicarse. Tener muy presente que hay alguien afuera esperando captar claramente mi mensaje. Las normas no son la vida, tan sólo la regulan para que esto no pase a ser una torre de Babel. En todo caso, son herramientas para nuestro beneficio, no leyes sagradas e inmutables que deben respetarse como si de inspiración divina se tratara.

Que los expertos se encarguen de la especialización en el lenguaje, mientras los demás mortales, los humildes profanos, sólo se preocupen por saber cómo expresarse claramente. Esa es la gran aventura. Pertrecharnos para ella, tomar las vituallas necesarias y los utensilios esenciales para hacer frente al gran viaje, esa debe ser nuestra meta. Lo demás es anecdótico. Nadie debe sufrir cuando escribe, porque si se le prepara adecuadamente, sin tanta pompa y conocimiento inútil, su viaje no resultará tan terrible como los gramáticos quieren. Al final, este viaje debe disfrutarse como cualquier otro, poniendo en ello, cariño, esmero y dedicación, así como fortaleza mental, disposición y deseo de llegar a puerto seguro. ¡Hagamos de esta aventura, una singular!

IR A SE ESCRBE ASÍ

Publicado por Fundación Universitaria Konrad Lorenz El día 04/29/2016 Enlace permanente Comentarios (0)