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Con las mayúsculas sucede lo que con nuestros derechos y deberes más básicos: algo sabemos de eso, de manera intuitiva, pero, por lo general, desconocemos en qué consisten exactamente. Optamos por ceder, consentir y hasta resignar, sin saber qué hacer en determinadas circunstancias. Si sólo nos esforzáramos por indagar un poco, notaríamos cambios de inmediato. Todo esto, como he dicho, también aplica al uso de las mayúsculas. No se trata, ni de cerca, de un saber inalcanzable, disponible únicamente para gurús oportunistas, antes  bien, resulta algo sencillo y fácil de manejar, al alcance de cualquiera.

Veamos algunos de estos casos. El primero de ellos, es básico; tiene que ver con los nombres propios. Usamos mayúsculas para escribir nombres propios, de personas, ciudades, países, o de Instituciones.

Ejemplos:

Pedro, David y Lucas son muy buenos amigos.

Si vienes a Bucaramanga, te encantará porque es una ciudad bonita

Me gustaría ir a Francia y Alemania para estudiar sus culturas.

El Real Madrid y el Barcelona dominan el fútbol mundial.

También usamos las mayúsculas tras un punto seguido, aparte, o luego de los signos de admiración y pregunta.

Ejemplos:

No ha venido a casa hoy. Quizá mañana lo veamos.

 

Lo importante, Camilo, es que estés tranquilo.

Al día siguiente, Camilo despertó más tranquilo…

 

¡Eres hermosa! Me gustaría hablar contigo.

¿Quién fue el responsable? Tendrá que pagar caro por ello.

Otro de los usos más comunes de las mayúsculas tiene que ver con los títulos de obras artísticas.

Ejemplos:

Una de las obras más bellas de la antigüedad fue El coloso de Rodas.

Resulta fascinante contemplar El jardín de las delicias, de El Bosco.

Una obra cumbre de la novela latinoamericana es Cien años de soledad.

Para los creyentes, es usual poner la mayúscula cuando se refieren a su deidad.

Ejemplo:

Quien confía en Dios, se siente más seguro.

Otro aspecto por tener en cuenta es cuando escribimos abreviaturas.

Ejemplos:

Dra. Núñez, por favor, presentarse en radiología.

Soy Lic. en lengua castellana.

Asimismo, usamos las mayúsculas cuando vamos a escribir números romanos.

Ejemplos:

En el siglo XXI, la tecnología se ha hecho más importante.

Aún sigo con la novela; voy en el capítulo IV.

Por último, vale la pena aclarar que las mayúsculas no se emplean de manera arbitraria, para evitar las normas de la acentuación. Hay quienes creen ciegamente que escribir con mayúscula sostenida los exime de tildar, como si de una licencia idiomática se tratara; habría que decirles a estos sabihondos que la acentuación, con o sin mayúscula, dependiendo de dónde se ponga, acaba indicando el sentido de lo que se intenta expresar. Así, por ejemplo:

ME GUSTAN LAS CASAS AMPLIAS, PERO ESTA ESTA MAS COMODA QUE ESTA OTRA.

Me gustan las casas amplias, pero ésta está más cómoda que esta otra.

Nuestra meta al escribir debe ser la claridad plena, no buscar subterfugios acrobáticos para ocultar los alcances de nuestra ignorancia. Ignorar algo no nos hace torpes, o indignos, pero ignorarlo y no hacer nada para evitarlo, sí, o peor aún, ignorarlo e intentar pasar por listillos que se las saben todas, lo único que logra es que pasemos al bando de los embusteros y charlatanes. De suerte que es mejor no saber algo y admitirlo, que desconocerlo y pasar por figurín intelectualoide; al menos, en el primero de los casos, hay remedio: investigar. En el otro, sólo resta tener mucha paciencia y criterio suficiente para desenmascarar la patraña. Así, pues, el uso de las mayúsculas no esconde ningún misterio, sólo una serie de normas que, con la práctica, acaban siendo pan comido. 

Referencias

Real Academia Española. (2005). Diccionario panhispánico de dudas. (22 a. ed.) Recuperado de: http://lema.rae.es/dpd/srv/search?id=BapzSnotjD6n0vZiTp

Publicado por Diego Higuera El día 05/14/2016 Enlace permanente Comentarios (0)

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