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El Día del Idioma fue instituido en Colombia mediante el Decreto 707 de 1938, durante el gobierno de Alfonso López Pumarejo, y sancionado como Ley en 1963 (MEN, s.f.). Desde entonces, centros educativos de todo el país llevan a cabo actividades conmemorativas en relación con esta fecha. Pero, ¿qué significado puede tener para nosotros este día?

El acto de comunicarnos mediante un idioma es algo que nos define como seres humanos. La lengua es un tesoro común, que fluye permanentemente. La vida familiar, sentimental, social y cultural, así como los escenarios académicos, laborales, económicos y recreativos, están atravesados por ella. Por esto, consideramos que aprender a dominar el código de una lengua, como es el castellano, nos puede hacer exitosos en cada uno de esos ámbitos.

Pero la lengua no solo tiene una finalidad instrumental: ella es también, en sí misma, un campo infinito de exploración y contemplación. En efecto, tal como afirma la escritora argentina Ivonne Bordelois (2005), “el lenguaje jamás se agota, recreándose continuamente; por lo tanto, compite con ventaja con cualquier producto manufacturado. Es también un bien solidario: lo comparte toda una comunidad, por un espontáneo sistema de trueque. Y por fin, es un bien absolutamente gratuito, ya sea en su apropiación como en su circulación” (p. 33). No obstante, es en la literatura donde la palabra, liberada de la carga de la instrumentalización y la sujeción a fines inmediatos, trasciende en el tiempo y alcanza su plenitud –y nosotros con ella–.

En medio de la pluralidad de los lenguajes y la proliferación de los mensajes, así como de los soportes tecnológicos para transmitirlos, multiplicarlos y hacerlos perdurables, la literatura ocupa un lugar preferente. Esto hace que una novela como El Quijote, a pesar de haber sido publicada hace cuatro siglos, nos siga cuestionando sobre la tragicómica condición humana.

Así, invitamos a los lectores de Konpalabra, y por extensión a todas las personas apasionadas por las palabras, a cuidar siempre su expresión oral y escrita, a leer y releer literatura, y a dejarse llevar, a través de las anécdotas, las letras de canciones, los refranes, las coplas, los chistes, los trabalenguas, las adivinanzas y los cuentos, por el apasionante mundo del idioma.

 

Referencias:

 

Bordelois, I. (2005). La palabra amenazada. Buenos Aires: Ediciones Desde Abajo.

 

Ministerio de Educación Nacional. (s.f.) ¿Cómo nació el Día del Idioma? Colombia aprende. La red del conocimiento. Recuperado de http://colombiaaprende.edu.co/html/home/1592/article-157141.html

Publicado por Edson Guáqueta El día 04/09/2019 Enlace permanente Comentarios (0)